Comenzamos preguntándonos sobre el supuesto de Freud en torno a que Qñ <>
A partir de aquí comenzamos a hablar sobre la pulsión y la necesidad, teniendo presente que la noción de pulsión, ausente en el texto, supone una diferencia entre sistema psíquico y sistema nervisos que no está presente en el texto. Concluímos que la necesidad humana es de naturaleza compleja, y que falta indagación: es compleja porque su objeto lo es, es decir, su objeto es un otro que es sujeto. La pulsión parecería ser, en perspectiva, un buen concepto para dar cuenta de esta complejidad, sobretodo considerando que la necesidad no supone objeto, y que no hay pulsión sin objeto. Comprendemos – además – que es el sujeto necesitado el que es buscado por su objeto (sujeto), y que la necesidad no busca ni espera nada por sí misma.
La palabra cociente de la página 350 llamó nuestra atención: ¿será que al pensar en lo cuantitativo de Q y el modo en que operan los aparatos nerviosos terminales, Freud esté pensando en un filtro proporcional? Digamos, ¿estará pensando en un filtro que mantiene una constante cuantitativa invariable según la cual divide todo estímulo exterior?
Y, esta naturaleza cuantitativa del funcionamiento de los aparatos nerviosos terminales, ¿no producirán también una modificación cualitativa de la energía? Más allá, ¿puede decirse que Q y Qñ son de naturalezas diferentes?
En torno a la naturaleza del dolor salieron muchas interrogantes. Concluimos que a este nivel de la lectura no nos es posible todavía comprender el dolor psíquico, mientras que sí tenemos algunas herramientas para comprender el somático. Esto se enmarca dentro de la tensión entre el sistema psíquico y el sistema nervioso, todavía no abordada por Freud.
De cualquier manera, comprendemos que la conceptualización freudiana del dolor se justifica cuantitativamente, sin reconocer diferencias entre tipos de dolor. Del mismo modo, Benjamín aventuró una interesante hipótesis con respecto al trauma: la enorme Q que el sistema no puede asimilar según su estructura rompe las barreras-contacto de las neuronas Ψ, lo que hace que se viva el estímulo traumático de memoria como un fenómeno de la percepción, dada la transformación de Ψ en Φ.
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