01-10-2008

Acta: 9º sesión Proyecto de Psicología

El siguiente documento sintetiza los aspectos que consideramos esenciales, tras la lectura personal de los puntos X a XIII del proyecto.
Un Freud a veces sensato, con gran capacidad de intuición, otras veces “barsa”, realiza un cambio en la noción de facilitación, “atenuando” el aparato que propone. Esta ya no consiste en la atenuación de toda resistencia, sino en su rebaja hasta un mínimo de permanencia necesaria.
Las estimulaciones internas que requieren de un objeto y una acción específica (secuencia de movimientos), se encuentran con un desvalimiento humano inicial: la guagua no puede satisfacer por sí sola sus necesidades, pero sí puede generar signos para que pueda sobrevenir el auxilio ajeno. Este desvalimiento sería la fuente primordial de los motivos morales, lo cual fue entendido por el Benja en la línea de una motivación para la interacción entre los seres humanos: no habría interacción si fuéramos capaces de resolver nuestras necesidades por nosotros mismos. La vivencia de satisfacción primaria (mítica) generaría una primera investidura y con eso inauguraría la posibilidad del aparato psíquico de dirigirse hacia algo, el deseo. Entenderíamos investidura como una cantidad que permanece en una neurona, como una energía que en vez de fluir, se detiene. La vivencia de satisfacción operaría como una facilitación, estableciendo una vía preferente de descarga, entendido esto en términos económicos: “la próxima vez que vuelva a pasar lo mismo, ya sé por donde responder”. Freud habla de un doble movimiento: una acción específica hacia la descarga motriz y una información (feed back) de ese movimiento y sus efectos. Este movimiento no tendría sólo consecuencias en el mundo externo, sino también en el mundo interno. Una de estas consecuencias parece ser la asociación por simultaneidad, la que Freud propone en términos temporales y perceptuales. Se discute cómo desplazamientos y condensaciones responden a la lógica de la continuidad, asociando esto a la cadena significante.
Freud distingue el estado de esfuerzo o deseo como una acumulación de carga. Cuando este estado reaparece se reanimarían los recuerdos que se habían asociado a su satisfacción. Pensamos que la siguiente vez que el niño tenga hambre, pensará en el pecho y ya no en todo los objetos posibles. Se nos hizo importante recordar que la necesidad, entendida como la carga que recibe la neurona desde dentro, no tendría nada que ver con el otro. La pulsión sería posterior a la necesidad, en tanto se gestaría en una experiencia satisfactoria corporal. A partir de la primera satisfacción se instalaría el deseo, en tanto aparece el objeto.
Freud también alude a la alucinación, de modo que la misma investidura de una representación podría brindar satisfacción, al ser vivida como una percepción. Si entendemos el deseo como un estado de tensión que se dirige a la descarga, podemos decir que este también pareciera poder descargarse a través de la alucinación. El niño sólo puede alucinar después de haber vivido una experiencia de satisfacción, por ejemplo, con el pecho materno.
Retomando el tema de la investidura, surge la discusión acerca de si las representaciones inconscientes estarían investidas. Al parecer, no lo estarían, de modo que al pasar a la conciencia tendrían que investirse. De esto se desprende la idea de que en terapia nunca se trabaja con lo inconsciente propiamente tal, sino que con aquellas representaciones que están en la frontera con el Prcc. Frente al cuestionamiento sobre si el Prcc seguiría la línea de un proceso primario o secundario, concluimos que la de un proceso secundario, aunque no todo lo que esté en este sistema nos sea siempre accesible a la conciencia.
Mientras los estados ya mencionados de deseo serían “aquello que queda de la experiencia de satisfacción”, los afectos serían “aquello que queda de la experiencia de dolor”. En el dolor, el objeto hostil se asociaría a una vía de descarga (facilitación). Si la imagen mnémica del objeto es investida de nuevo, surgiría el afecto, como experiencia semejante a la vivencia de dolor, como reproducción de dicha vivencia. Cuando nos acordamos de algo doloroso que sucedió, el sentimiento que se desprende no tiene la misma magnitud que la vivencia genuina de dolor. Se discute que el llorar por un evento asociado a lo traumático ya sería en sí mismo una defensa: se recurre a otra representación para no encontrarse con la originalmente traumática. Freud habla de la represión como un esfuerzo de suplantación y desalojo. La suplantación estaría referida al paso de la energía por una representación diferente a la traumática, sustitutiva, puesto que la energía siempre tendería a salir de alguna manera (principio de inercia). El desalojo, en tanto, se podría entender como desalojo de energía, de tensión, en términos económicos, o en términos dinámicos, como “hundimiento” de una representación en otro lugar. La represión sería entendida como aquello que hace el aparato por descargar. Pensamos que lo que sale afuera sería el afecto y no la representación en sí misma (su contenido), aunque Freud también alude a una descarga de los recuerdos, al final de la página 367, lo cual nos quedó como una duda.

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