Reseña hecha por Francisca Mendoza
Bueno, siguiendo la propuesta del Pato, intentaré dar cuenta de lo que fue la charla de ayer de Mónica Torres, organizada por la ALP y el Centro de Salud Mental UC, llamada “Amor, deseo y goce en hombres y mujeres”. La conferencia giró en torno al argumento central de la imposibilidad de un recubrimiento entre los objetos de amor, deseo y goce, pese a la ilusión del amor neurótico “de hacer de dos, uno”. La psicoanalista hizo un recorrido de la enseñanza de Lacan en torno a estos temas, distinguiendo cuatro momentos centrales:
1.- Seminario I: el amor situado en la articulación simbólico-imaginaria. Un amor a primera vista, remitiendo a un punto fantasmático del que se enamora, en la línea de un “enamorarse de sí mismo”. En el terreno de la rivalidad imaginaria, el otro siempre parece ser mejor que uno, puesto que uno no conoce sus tormentos, sólo sus virtudes. Sobre este flechazo, se impone lo simbólico, encarnado en la promesa de amor, como palabra plena, que compromete, y que posteriormente dará origen a los desencuentros y malentendidos entre hombres y mujeres. La expositora propone que en este punto de la enseñanza de Lacan el goce estaría del lado del amor imaginario, mientras el deseo se situaría en lo simbólico. En el seminario X aparecerían las primeras intuiciones de Lacan respecto al goce como real. Si bien Freud había pensado el goce como mortificación, Lacan daría un giro al pensarlo como viviente, mientras el significante asesina al sujeto, marcando el goce de lo vivo que nunca se volvería a obtener.
En este punto la expositora apela a Freud en sus especulaciones sobre la disyunción del amor y el deseo en el hombre. Mientras el amor estaría del lado de la madre, como objeto idealizado, el deseo estaría del lado de la prostituta, como objeto devaluado. Un hombre que cuando ama no desea y que cuando desea, no ama. Posteriormente Freud propondría que en ciertas situaciones excepcionales los objetos de amor y deseo del hombre podrían recubrirse, en la línea de una conjunción, lo que para Lacan sería un imposible. Respecto a la condición erótica de las mujeres, la expositora plantea que en las mujeres el amor y el deseo por lo general irían juntos, lo que generaría un malentendido estructural entre hombres y mujeres.
2.- Seminario XX: siguiendo la línea de Freud, Lacan consideró durante un tiempo que la falta estaba del lado de la mujer. Sin embargo, a partir del seminario X, situaría la falta del lado de los hombres, tomando la detumescencia del órgano sexual masculino después del coito como una forma de castración. La erección trae consigo la pérdida de la erección, constituyendo al goce masculino como un goce del órgano, mientras el femenino no sería localizable, resultando en un misterio y un enigma: al no estar sujeto al órgano, podría ser infinito.
3.- Un tercer momento de la enseñanza de Lacan que la expositora distingue, es el de las fórmulas de la sexuacción, las que me resultaron muy difíciles de comprender. “Para todo hombre se cumple la función fálica, pero existe uno para quien no se cumple”, siendo este último el padre de la horda, que podía gozar con todas las mujeres y prohibir el incesto a los demás, y al que tras su asesinato todos obedecieron retrospectivamente. “Para no toda mujer se cumple la función fálica, pero no existe ninguna para quien no se cumpla la función fálica”. La expositora explicó este “no toda” aludiendo a que cada mujer es “no toda”, de modo que una parte suya está con el falo mientras otra está en el significante de la falta en el otro. La expositora plantea que la castración sería más simple en la mujer, puesto que ella algo sabría sobre la falta. Una mujer aprendería a ser mascarada y semblante de objeto de deseo del hombre, disfrazándose par cubrir la castración. La posición femenina implica saber que no se puede recubrir el objeto de amor, deseo y goce, por eso sería “no toda”. Mientras del lado del hombre estarían la lógica de lo universal y lo particular, del lado de la mujer estaría la singularidad, porque “la” mujer no existe, sólo existe, “una, y una, y una…”.
4.- Finalmente, la expositora identifica un cuarto momento de la enseñanza de Lacan en torno a este tema, el de la mujer como síntoma del hombre, de otro cuerpo. La mujer tendría una mejor relación con el inconsciente que el hombre, pudiendo más fácilmente “ser otra para sí misma”, al vivir conversando e intentando mostrarle el inconsciente al hombre. Sin embargo, habría un límite sutil entre ser síntoma del hombre y convertirse en su superyó.
Al bajar estas diferencias estructurales al terreno de lo psicológico, la expositora se refiere a las nuevas virilidades (“metro sexual”, hombres que ya no toman la iniciativa en la conquista) y femineidades (solteras de “Sex and the City”, amas de casa desesperadas). Estas nuevas mujeres, capaces de autoabastecerse, harían retroceder a los hombres, y/o producto de este retroceso, las mujeres seguirían avanzando. Mujeres para quienes su ser mujer sería más importante que su ser madre, contrariamente a la mujer freudiana. Nuevas virilidades y femineidades que han dado lugar a nuevas familias. En medio de referencias al arte y a la literatura, la expositora presenta historias de amor femenino fuera de la lógica del matrimonio (“ser de a tres”), de amores imposibles de domesticar, en la línea de la imposibilidad de recubrir el objeto de amor, deseo y goce, del vacío central con el que todos tenemos que arreglárnoslas. Si bien en ocasiones el amor pareciera situarse como mediador entre el deseo y el goce, permitiendo al goce condescender al deseo, finalmente no lograría recubrir ese vacío que todo analista debiera hacerse cargo de representar.
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